RHUM NEISSON - L'Esprit Bio - 66%<\/strong><\/span><\/p>
Neisson fue fundada durante el período de entreguerras, en 1931, cuando los hermanos Adrien y Hildebert Pamphile, conocido como Jean Neisson, adquirieron la finca La Thieulbert, que entonces contaba con 20 hectáreas de plantaciones. Situada en el noroeste de la isla, cerca de Saint-Pierre, al pie de la majestuosa montaña Pelée, esta propiedad familiar está en el corazón de un terroir excepcional. Adrien, el mayor, se comprometió a crear una pequeña destilería artesanal mientras que su hermano menor, Jean Neisson, terminaba sus estudios en París. Mientras Adrien producía rones en Martinica, Jean montó una empresa de importación-exportación y se encargó de comercializar estos espirituosos en París. Impulsado por una verdadera pasión por la producción, aprovechó sus conocimientos para diseñar una columna Savalle adaptada, modificada según sus directrices, para optimizar la calidad de los rones destilados. Fueron necesarios cinco años intensivos para que Neisson alcanzara un equilibrio perfecto entre la preservación de su excepcional terroir y su conversión a la certificación orgánica (etiqueta AB), sin comprometer nunca la finura y la excelencia del producto final. Este recorrido marca un hito decisivo para la marca, ya que condujo a la creación del primer ron orgánico AOC del mundo, L’Esprit Bio<\/strong>. Elaborado exclusivamente a partir de las variedades tradicionales de caña de azúcar de la finca — las prestigiosas cañas rojas B64, canela B82.033 y zicak B59 — este ron encarna la rara alianza entre la innovación sostenible y el respeto por las tradiciones martiniqueñas.<\/p>
Hoy en día, la familia Neisson continúa este legado dirigiendo una de las últimas destilerías familiares de Martinica, donde la finca se abastece exclusivamente de cañas de azúcar cultivadas en sus propias 40 hectáreas, garantizando así un control riguroso y una autenticidad inigualable.<\/p>
L’Esprit Bio se destaca por su intenso bouquet aromático donde dominan notas frescas y vibrantes de caña fresca, un verdadero homenaje olfativo a la riqueza del terroir. Desde la primera degustación, uno se transporta al corazón de un campo de caña en plena cosecha, inmerso en la autenticidad y vitalidad de la tierra martiniqueña.
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