Château Lafite Rothschild 1986<\/strong><\/span><\/p> Château Lafite Rothschild, premier cru clasificado de Pauillac, encarna una de las expresiones más emblemáticas del Médoc clásico. Propiedad de la familia Rothschild desde el siglo XIX, el dominio se extiende sobre un viñedo excepcional situado en colinas pedregosas que dominan el estuario de la Gironda. Este mosaico de gravas profundas, arenas y arcillas finas ofrece un terroir ideal para el cabernet sauvignon, la variedad reina de la propiedad. La filosofía del château se basa en una viticultura de alta precisión, rendimientos estrictamente controlados y una vinificación parcelaria milimétrica. Cada añada busca traducir la nobleza del terroir más que un estilo demostrativo, en una búsqueda constante de equilibrio y armonía. En este contexto, Château Lafite Rothschild 1986 se presenta como una referencia absoluta para los amantes de los grandes Burdeos de guarda.<\/p> La añada 1986 en Pauillac se caracteriza por un ciclo vegetativo largo, un final de temporada seco y soleado y vendimias tardías que favorecieron una madurez tánica excepcional. En Lafite, las uvas se cosechan manualmente parcela por parcela, luego se seleccionan con gran rigor antes de la encubación. Las fermentaciones se llevan a cabo en tanques termorregulados, con extracciones lentas y precisas para preservar la finura del grano de los taninos. El ensamblaje final da un cabernet sauvignon mayoritario, complementado por merlot, cabernet franc y petit verdot, que luego se cría durante largos meses en barricas de roble francés con una alta proporción de madera nueva. Esta larga crianza en barrica, seguida de una maduración prolongada en botella en el château, ha pulido la estructura sin borrar la potencia originaria del vino. Lafite Rothschild 1986 se presenta hoy como un gran Pauillac en plena madurez, conservando un potencial de guarda notable para las próximas décadas.<\/p> En la cata, Château Lafite Rothschild 1986 ofrece una nariz de rara complejidad, mezclando grosella negra madura, cigarro rubio, mina de lápiz, cedro precioso y toques de trufa negra y cuero fino. En boca, el ataque es recto y noble, sostenido por una trama tánica apretada pero ahora fundida, que despliega una materia a la vez profunda, sabrosa y notablemente equilibrada. El corazón de boca revela notas de frutas negras confitadas, violeta, caja de especias, grafito y sotobosque, apoyadas por una acidez perfectamente integrada. El final, interminable, se prolonga sobre el cedro, el tabaco, las especias dulces y una mineralidad pedregosa que caracteriza a los grandes Pauillac de terroir. En la mesa, este 1986 encuentra maridajes naturales con una costilla de buey madurada, un carré de cordero de Pauillac asado, un liebre a la royale, caza de pluma o un queso curado de pasta dura. Ganará al servirse no demasiado frío, tras una apertura delicada, en copas grandes que respeten la complejidad de su bouquet.<\/p>